Que un español, en este caso Javier Oliván, ascienda a la segunda posición de una de las empresas tecnológicas más grandes del mundo, Meta, y se convierta por sorpresa en la mano derecha del todopoderoso Mark Zuckerberg, es una buena noticia si uno vive en España, pero algunos medios relevantes estadounidenses, como la CNBC, ya apuntaba este miércoles un dato a tener en cuenta: “Javier tiene un perfil bajo en relación con Sheryl Sandeberg [a quien va a sustituir como director de Operaciones del propietario de Facebook]. Es prácticamente un desconocido fuera del campus”.

La afirmación quizás sea demasiado exagerada, aunque es cierto que Oliván no tiene ni el perfil financiero de Sandeberg (quien habitualmente hablaba con los inversores cuando presentaban resultados) ni la experiencia de la reconocida directiva de Silicon Valley para lidiar con las tareas políticas de la compañía. Un aspecto este clave dado que la ejecutiva, junto a Zuckerberg, siempre defendieron, como bien apunta Bloomberg, la cultura empresarial de Facebook de crecer rápidamente y solucionar problemas más tarde, lo que condujo a la compañía a enfrentar múltiples escándalos públicos ligados a la privacidad y la moderación de contenido. Sandeberg pasó años tratando de mejorar la relación de Facebook con los usuarios y los reguladores. Un frente que aún permanece abierto.

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