Otra de las cuestiones que ha precipitado la crisis del coronavirus ha sido la irrupción acelerada de la impresión 3D en lo cotidiano. Diferentes iniciativas ciudadanas como Coronavirus Makers o el proyecto Resistencia, aprovechan la inmediatez de esta tecnología para aportar diferentes tipos de productos (respiradores caseros, viseras, mascarillas y otro material de protección) para aliviar las inmensas necesidades de la crisis. Éstas son algunos de los sectores, países y empresas que están contribuyendo a paliar las consecuencias del virus:

Pero más allá de las soluciones del corto plazo, podemos sacar interesantes conclusiones sobre la disrupción introducida por la impresión 3D:

Asia es la fábrica del mundo. Bajo esta premisa, la cadena de valor mundial se inicia en el continente donde los bajos costes laborales impulsan a las empresas a buscar ventajas competitivas mediante la fabricación masiva en diferentes países asiáticos. Cuando se habla de la principal diferencia entre el Este y el Oeste, más allá de factores culturales, idiomáticos y políticos, siempre acabamos haciendo referencia al inevitable factor de las diferencias salariales, clave de bóveda del predominio fabril asiático. Pero, cómo no, la tecnología puede que esté dando un puñetazo en la mesa para seguir reivindicando su papel protagonista como dictador del futuro. Y de ahí a que la impresión 3D abra los telediarios nos queda el tiempo en que se acabe desarrollando su modelo de negocio como servicio. En la economía del “todo como servicio” no podía faltar la fabricación, el inicio de esa cadena tan desconocida e irrelevante para el consumidor final como crítica en la competitividad de las empresas.

La impresión 3D es un grupo de tecnologías de fabricación por adición donde un objeto tridimensional es creado mediante la superposición de capas sucesivas de material. Es una tecnología, por lo general, más rápida, barata (utiliza menos material que los métodos de fabricación tradicionales) y fácil de usar que otras tecnologías de fabricación por adición y ofrece a los desarrolladores de prácticamente cualquier producto la capacidad para imprimir partes y montajes hechos de diferentes materiales, con diferentes propiedades físicas y mecánicas, a menudo con un simple proceso de ensamble. Las tecnologías avanzadas de impresión 3D pueden incluso ofrecer modelos que pueden servir como prototipos de producto.

Desde 2003 ha habido un gran crecimiento en la venta de impresoras 3D. De manera inversa y proporcional, el coste de las mismas se ha reducido. Esta tecnología cada vez encuentra más acomodo en más campos tales como la joyería, calzado, diseño industrial, arquitectura, ingeniería y construcción, automoción y sector aeroespacial, industrias médicas, educación, sistemas de información geográfica, ingeniería civil, incluso la alimentación y muchos otros. Y el modelo, inicialmente asociado a poco glamurosos procesos de fabricación industrial se hace más visible para el consumidor final cuando sabemos que Adidas y Under Armour llevan años incorporando tecnología 3D a sus otras innovaciones tecnológicas, lo que nos permitirá disfrutar de zapatillas con mente propia, totalmente ajustadas a nuestras necesidades, que nos ofrecerán información interesante para nuestra salud y que, por supuesto, habrán sido imprimidas a través de un proceso de impresión 3D más rápido y que usa materiales más económicos. Lo mismo con las pieles impresas en 3D por L’Oreal para evitar los test en animales, las pizzas impresas de manera 100% personalizadas con arreglo a las gustos del usuario o las casas construidas en 8 horas. Y la fabricación de productos de protección anti-coronavirus sólo ha sido el último ejemplo. Al final, hablamos de un sector que va a casi triplicar su crecimiento sólo en los próximos 4 años:

Fuente: Statista.

Hasta aquí el proceso de innovación y desarrollos tecnológicos tal y como los hemos conocido hasta el momento. Ahora bien, que cualquier persona, ajena a conocimientos tecnológicos e ingenieriles, pueda en un futuro cercano imprimir ropa y zapatos 3D directamente en su hogar, bien porque ha desarrollado su propio diseño, bien porque lo ha buscado en las decenas de marketplaces que venden diseños en línea, nos lleva a pensar en que podamos estar a las puertas de un giro copernicano en las dependencias comerciales y, por tanto, en las geopolíticas.

Porque la primera aproximación del consumidor es agenciarse una impresora 3D que podría convertirse en un electrodoméstico tan habitual como el lavavajillas o la nevera, dado que los costes de las mismas se han reducido drásticamente. Pero cuando una empresa decide tomarse en serio una nueva forma de fabricación, el efecto disuasorio de la inversión en tecnología 3D y en los recursos humanos necesarios para manejarla puede ser un obstáculo demasiado importante para las empresas más pequeñas.

Por tanto, la cuestión clave es quién ofrece de una forma buena-bonita-barata, tanto al consumidor final como al más exigente cliente profesional, la posibilidad de externalizar este nuevo proceso fabril en algún proveedor que le ofrezca las garantías adecuadas. Pues bien, en febrero de 2018 Amazon obtuvo la aprobación de una patente, solicitada en 2015, para un nuevo sistema de venta minorista que le permite a la empresa procesar pedidos de artículos impresos en 3D personalizados. Los clientes pueden imprimir sus diseños en 3D a través del servicio, y luego recibirlos por correo o recogerlos en determinados centros. Pocas empresas han tenido un impacto tan grande en la industria minorista en la última década como Amazon, y tanto sus clientes como sus accionistas se han beneficiado enormemente de la forma en que ha transformado la cadena de suministro en una amplia gama de sectores. Con este servicio ofrecería Amazon la cadena del valor al completo. El eslabón que le faltaba para la dominación final.

 

Actualmente, hay numerosos servicios de impresión 3D en línea hechos a  medida, como Shapeways, si bien están dirigidos a un mercado más industrial o experto en impresión 3D.  Shapeways, uno de los pioneros, es un marketplace que ofrece también servicio de producción y que tiene una cuota de mercado americano cercana al 70%, conectando a diseñadores con los consumidores mediante un  servicio de impresión 3D bajo demanda para los objetos/archivos que los diseñadores han subido a la plataforma, además de la venta de los archivos para impresión. Los diseñadores sólo tienen que cargar los archivos de diseño, y los usuarios pueden hacer pedidos a Shapeways para producir el elemento impreso en 3D.

Amazon es muy consciente de que el servicio de impresión 3D será una oportunidad para cambiar la forma en que las personas se relacionan con la tecnología. Y su apuesta es firme, como demuestra la compra de la empresa especializada Body Labs y, sobre todo, la adquisición de una participación mayoritaria en el líder del mercado, Shapeways: el perfecto encaje para la integración de los servicios de impresión 3d con los de marketplace, marketing, fiscales y logísticos que los diseñadores necesitan para que los clientes puedan ver aparecer el objeto fabricado en su domicilio.

Con este movimiento, la nube de Amazon se hace física y Shapeways se beneficia del inmenso caudal tecnológico de los servicios de Amazon Web Services en materia de machine learning, inteligencia artificial y big data (los otros tres “palabros” imprescindibles de la innovación digital) para entrenar sus modelos y reducir sustancialmente los tiempos de ejecución.

Para qué comprar una impresora 3D y familiarizarme con su funcionamiento cuando el sistema de impresión 3D de Amazon podría estar ubicado en un almacén de Amazon o incluso en el mismo camión que eventualmente entregaría la pieza al cliente en su casa. Es obvio que Amazon, ávido siempre por encontrar nuevas formas innovadoras de ahorrar tiempo y dinero, encuentra en la impresión 3D un excelente aliado que le permite reducir tanto sus necesidades de espacio de almacenamiento como sus costos de mano de obra. El mismo principio que instruye la entrega de paquetes mediante drones controlados a distancia.

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Otros competidores como HP anunciaron recientemente el lanzamiento de servicios similares, pero mucho nos tememos que se va a ver obligado a circunscribirse a un nicho profesional (Volkswagen dijo que ha completado una producción con 10,000 piezas producidas con impresoras 3D HP), dado que, como todas las empresas que no se llaman Amazon sólo son especialistas en uno de los nodos de la cadena de valor, no en todos.

Merch by Amazon es un servicio de Amazon de impresión de camisetas a pedido. Permite a los vendedores crear y enumerar diseños de camisetas en Amazon de forma gratuita. No hay costos iniciales y sólo se paga una comisión cuando un cliente compra su camisa, muy al estilo del modelo de Amazon Seller. Por el momento, sólo está disponible por invitación y en EE.UU pero cuando Amazon aplique sus recientes inversiones en impresión 3D y las extienda al resto de los sectores, incluida su apuesta estratégica por dominar los entornos B2B vía Amazon Business…..¿quién va a volver a Asia a auditar si mis proveedores utilizan niños en sus procesos de fabricación?

Fernando Aparicio

Amvos Digtial

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